El Papanicolau de Emergencia

Ella nunca se ha hecho ver en nuestra clínica, pero ha llamado esta mañana queriendo una cita “de emergencia” para su prueba de Papanicolaou y físico. María tiene 32 años y trabaja haciendo limpieza en un hotel – dice su formulario de admisión. Mientras la escucho aprendo que es inmigrante de Guatemala, que sus tres hijas aún viven en su pueblo de origen, y que se mudó a Estados Unidos hace 4 años para unirse a su esposo, a quien no había visto en 8 años. Ella no tuvo diabetes gestacional; sus padres están vivos y bien… Las menstruaciones son regulares, su método de control de la natalidad es “mi marido se cuida”. Le pregunto si hay algo más que yo debería saber acerca de su historia clínica, o si tiene alguna preocupación que la trae a la consulta. María dice que “no”, pero yo veo el “eso”. El “eso” es como una pequeña nube que pasa rápida velando sus ojos, una expresión fugaz. Una expresión de dolor y tristeza que viene y va tan rápido que podría haberla pasado por alto si no hubiese estado mirándola a los ojos.

pesar“¿Qué más?” le pregunto en voz baja. “María, ¿hay algo más?”… Y sus ojos se llenan con lágrimas y la expresión de su semblante revela una angustia tan profunda, me doy cuenta de que no hay fondo para este dolor… Y así, me siento ahora más cerca de ella, y mientras llora, María comparte su historia…

“Hacía mucho tiempo, doctora… Yo quería ver a mi marido… Las niñas eran ya mayorcitas, mi madre podía cuidar de ellas, y yo pensaba que si me unía a él y trabajaba, ambos podríamos poner a las niñas en una mejor escuela, construir una casa en nuestro pueblo, mandarlas a la Universidad”dice esbozando una sonrisa.  “Ya era hora de que me uniera a él en los Estados Unidos… Lo echaba de menos… Mi marido pagó por  mi viaje…  Pero los hombres, doctora… Ellos nos cruzaron desde Guatemala por México hasta los Estados Unidos… Éramos diecisiete hombres y mujeres inmigrantes y los cinco hombres que nos cruzaron. Dos de nosotras éramos mujeres que viajaban solas. Una noche, ellos trataron de tener sexo con nosotras. Nos negamos. Nos llevaron a un lugar alejado del resto y nos ataron, nos pusieron en el suelo y nos dijeron que si no teníamos relaciones sexuales con ellos, iban a matar a todo el grupo… La otra muchacha se negó primero. Ellos nos golpearon a las dos e insistieron en que nos iban a matar a todos… Yo pensé en las otras personas y en sus familias a la espera de ellos… Y me tuve que dejar, doctora. Y esos cochinos nos hicieron el sexo todas las noches…  Los cinco hombres me lo hicieron a mí y a la otra muchacha… Los cinco… cada noche, mientras los demás dormían… Yo no podía dejar de llorar, y me golpeaban diciéndome que no llore y me calle… Doctora, fue tan doloroso que tenía moretones por todas partes… Creo que los demás nos oyeron, pero todos estaban tan asustados que nadie hizo nada… No le he contado esta historia a nadie. No puedo dormir. No puedo dejar de pensar en ellos. Yo estaba tan feliz de ver a mi marido, no veía la hora, pero lo que me pasa es que cuando él se acerca a mí, y le huelo su sudor de hombre y le toco su piel no puedo dejar de pensar en todos aquellos hombres. Y desde que cruce la frontera cada vez que mi esposo se acerca a mí yo lloro, y siento náuseas, y a veces vomito… Doctora, por favor, ayúdeme… Lo amo, pero no puedo acercarme a él. Doctora necesito su ayuda… “

Mi personal de recepción se pregunta por qué estas mujeres y jóvenes “de repente” quieren un examen físico… Conozco a esta historia demasiado bien… Yo llamo a esta cita “el Papanicolaou de emergencia”, y les pido a mis recepcionistas que me avisen, es un código que me ayuda a estar preparada. Algo que sucedió anoche o esta mañana en la vida de esta mujer, una fuerza repentina que antes no estaba allí la ha impulsado hoy a venir a la oficina para un “examen físico” que había sido pospuesto por muchos años. Es como una señal interna que le permitirá compartir y hablar con un médico acerca de “eso” si existe un ambiente de seguridad durante su visita clínica. Y esa pregunta adicional: “¿Hay algo más que quieras decirme?” dicha junto a una mirada de aceptación y comprensión se convierten en el momento seguro que estas mujeres necesitaban para poder compartir una experiencia horrible que ha marcado sus vidas.

Estoy aquí para escuchar. Mi papel es el de testigo, ayudante, consejera, persona de apoyo, cuidadora de la salud, médica de familia. Esponja de las historias de dolor, y en casos como el de María: los horrores de la inmigración…

Fantasmas Fer

De la vida de inmigrantes….

Tengo muchos pacientes multilingües que buscan mi ayuda porque mi lengua materna es el español. No es porque ellos no hablan Inglés, sino porque están buscando un entendimiento común. Como me dijo una profesora peruana hace muchos años: “Doctora, no es que yo no hable el inglés, de hecho soy profesora de la Universidad NW, la busqué como doctora porque creo que al lenguaje del dolor y el amor necesito compartirlo en mi idioma natal y sé que usted va a ser capaz de entenderme mejor a través de nuestras experiencias en común”.

I have many multilingual patients who seek my assistance because my first language is Spanish. It is not because they do not speak English, but because they are searching for a common understanding. As a Peruvian professor told me many years ago: “Doctor, it is not that I do not speak English, in fact I am a professor at NW University, I asked you to be my doctor because I think that the language of pain and love needs to be shared in one’s native tongue,  and I know that you will be able to understand me better through our common experiences “.

Belonging

Belonging

My nine year old son and I are heading to school when a program on the radio catches our attention. It is a story about a Native American man describing how as a boy he was sent away from his home in a reservation to live with a white foster family. He describes the challenges of his life, from living in a teepee to waking up inside 4 walls, from being surrounded by the love of his family and community to starting a life among strangers. He speaks about difficulties growing up, the trying to figure out who he was, the sense of loss and the lack of belonging… We arrive to school and I sit in the car in silence. My son asks to learn more about what happened to that man when he was a boy… We talk, I speak  – tears streaming down my face –  about injustice, the difficult life of minority children misunderstood by a system that thought that it was doing what was best for society… We get off the car and head into his elementary school… As we walk into the building, the last phrase in the story,The difference between running away and running home is whether you are running in the direction you belong” is still resonating in my heart…

The school secretary calls my attention: “You speak Spanish!!! I need you… I don’t know what is going on. She doesn’t speak English. I need you to speak to this woman”. And grabbing my arm she walks me out again towards a car parked at the curve. A woman is outside the car, begging someone inside to get out. Inside the car, holding herself curled up in in a ball is a young Hispanic girl. She looks my son’s age. The woman tells me in Spanish: “I can’t get her out of the car, she won’t come to school. Every day is like this. I can’t get her out of bed, can’t get her into the car, I need help. She needs to be in school, they are going to send the police if she does not attend school”. I introduce myself and tell her “I was just asked to help because I speak Spanish, I do not work for the school, I am just a mom. Is there anything I can do to help?”

The woman looks at me and with a sad face says “Gracias, it has been like this since her father left”. I open the car door and ask the girl if she is willing to talk to me. She keeps her eyes shut. I speak softly, and sit beside her in the back seat. I tell her I mean no threat, I want to know if I can help. She opens her beautiful brown eyes but shows no expression. Only for a few seconds her eyes make contact with mine… Hollow, no fear, no dare, no shine. I am trying to recognize whether this is pain or grief, or severe depression. She looks at the distance and walks out of the car. She does not say a word. She does not cry. She stands and looks away. The school secretary tells the girl “Your mom is right; the law says you must be in school”

I tell her mom that I will not translate this to the staff: “Al padre, lo hicieron irse? (Her father, was he made to leave?” ” Si”, the woman answers “lo deportaron” (yes, he was deported)”.  I talk to the girl and offer to hear her if she wants to tell me how she feels, I offer to walk with her into the school. The woman says she will “get fired if she continues to arrive late to work… This is happening every morning”.  I say to the girl: “Let’s help mom get to work”. The woman adds “I have been trying to find them, I have talked even with the Mexican embassy, and nobody can help me. No one knows where they are. I can’t deal with this. I love her, but she wants to run away to her family.”

“But.. you…” I start. “All of them were deported”  the woman adds. “I was their neighbor, I took her in. They asked me to keep her and give her a better life. She is the only American citizen in the family. They were all deported. But all she wants is to see them. Every day is the same. She wants to run home to them”…